Ahora hay que portear a La Greta por un sendero, hacia el límite imaginario de los dos estados. Son largas horas de empujar por medio de un bello bosque, con la cabeza reflexionando sobre lo pequeño que es uno, y me veo como una diminuta pulguita haciéndole cosquillas a la Cordillera, recorriendo los Andes, vagando en esta inmensidad.
En Chile vuelven las pistas ciclables, pero también hay que vadear rios de gélidas aguas y turbulentas corrientes. Da un poco de miedo. O más bién la sensación de soledad y aislamiento potencian la percepción del miedo.

Cuando llego al Lago O´Higgings tengo la sorpresa agradable del día, me encuentro con Gorka y Maria, de los que venía teniendo noticias días atras. Y es que ocurre que según avanzas en tu camino, las gentes te van diciendo de otros ciclistas que recorren tu mismo camino. Es agradable volver a estar con gente. Encima de tu misma especie.
Y volemos a subir las bicis a otro barco para cruzar el inmenso Lago O´Higgings para llegar al pueblo del mismo nombre y emprender ruta por La Carretera Austral.
Este es Bizkor (así lo bauticé, en mi lengua aborigen significa "rápido"). Es un profesional de la ruta que se dedica a acompañar a los ciclistas hasta Puerto Yungai, donde hay que tomar otra barcaza (cuando de las tripas de la barcaza sale otro ciclista cambia de compañero). Cuando nos conocimos yo no lo sabía, lo de su profesión digo. Intenté convencerle de que acompañar a un ciclista no era un buen negocio y el me convenció de que eso era mucho mejor que la perra vida del pueblo, teniendo que competir por un trozo de comida, un ratito lindo con una hembra o por su sitio templadito para dormir... y no fuí capaz de contradecirle. Así que viajé dos inolvidables días con él, compartiendo la poca comida que teniamos, curandole la pata cuando se lastimó y dejandonos la piel en las rampas de la Carretera Austral.
Si Bizkor, como dice la canción: "La penas y las vaquitas se van por la misma senda, las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas".
En Chile vuelven las pistas ciclables, pero también hay que vadear rios de gélidas aguas y turbulentas corrientes. Da un poco de miedo. O más bién la sensación de soledad y aislamiento potencian la percepción del miedo.
Cuando llego al Lago O´Higgings tengo la sorpresa agradable del día, me encuentro con Gorka y Maria, de los que venía teniendo noticias días atras. Y es que ocurre que según avanzas en tu camino, las gentes te van diciendo de otros ciclistas que recorren tu mismo camino. Es agradable volver a estar con gente. Encima de tu misma especie.
Y volemos a subir las bicis a otro barco para cruzar el inmenso Lago O´Higgings para llegar al pueblo del mismo nombre y emprender ruta por La Carretera Austral.
Este es Bizkor (así lo bauticé, en mi lengua aborigen significa "rápido"). Es un profesional de la ruta que se dedica a acompañar a los ciclistas hasta Puerto Yungai, donde hay que tomar otra barcaza (cuando de las tripas de la barcaza sale otro ciclista cambia de compañero). Cuando nos conocimos yo no lo sabía, lo de su profesión digo. Intenté convencerle de que acompañar a un ciclista no era un buen negocio y el me convenció de que eso era mucho mejor que la perra vida del pueblo, teniendo que competir por un trozo de comida, un ratito lindo con una hembra o por su sitio templadito para dormir... y no fuí capaz de contradecirle. Así que viajé dos inolvidables días con él, compartiendo la poca comida que teniamos, curandole la pata cuando se lastimó y dejandonos la piel en las rampas de la Carretera Austral.
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