... se fué Bizkor, quedé solo, ruteando por la serpiente de ripio que surca el bosque, espectacular, en La Ruta Austral. Y recuerdo la historia de esta ruta, que hasta hace no mucho tiempo llevó el nombre del infame dictador; Augusto Pinochet... Duarte. Recalco lo de Duarte por si algún Chauvinista cree que los vascos sólo exportamos cosa buena. El infame mandó construir esta carretera para surcar un territorio totalmente virgen y colonizarlo para reforzar su posición frente a Argentina (ironias de la historia, el pueblo Argentino sufría también una dictadura militar en aquel entonces) en el litigio por los territorios Patagónicos. Y ahora, yo, la recorro.
Un mal cálculo en las provisiones dá con mis huesos en Caleta Tortel, es un desvio que en cualquier caso merece la pena. Llego mal, con una pájara de las buenas, sin dinero y sin comida. Pero, una vez más, la hospitalidad de los habitantes de estas latitudes, del jefe de bomberos de Caleta y su familia en concreto, me permite recobrar fuerzas en un pueblo construido sobre pasarelas y columnas de madera en el que, lógicamente no existen los vehículos motorizados. El universo sonoro que descubro me sorprende...
Y sigo al Norte, aguas arriba del río Baker, extasiado con los paisajes que me rodean...
... y agradeciendo los encuentros con otras ciclistas que como yo, son felices.
Pero añoro la llanura, los espacios abiertos y los horizontes infinitos,y en Coiahique, cuando intuyo que la ruta se va a humanizar, bueno más bién motorizar, decido cruzar la cordillera una vez más, hacia el Este, rumbo a Rio Mayo. El viento del oceano me empuja hacia Este susurrandome al oido promesas de lindos cielitos...
Un mal cálculo en las provisiones dá con mis huesos en Caleta Tortel, es un desvio que en cualquier caso merece la pena. Llego mal, con una pájara de las buenas, sin dinero y sin comida. Pero, una vez más, la hospitalidad de los habitantes de estas latitudes, del jefe de bomberos de Caleta y su familia en concreto, me permite recobrar fuerzas en un pueblo construido sobre pasarelas y columnas de madera en el que, lógicamente no existen los vehículos motorizados. El universo sonoro que descubro me sorprende...
Y sigo al Norte, aguas arriba del río Baker, extasiado con los paisajes que me rodean...
... y agradeciendo los encuentros con otras ciclistas que como yo, son felices.
Pero añoro la llanura, los espacios abiertos y los horizontes infinitos,y en Coiahique, cuando intuyo que la ruta se va a humanizar, bueno más bién motorizar, decido cruzar la cordillera una vez más, hacia el Este, rumbo a Rio Mayo. El viento del oceano me empuja hacia Este susurrandome al oido promesas de lindos cielitos...

