domingo, 13 de diciembre de 2009


... se fué Bizkor, quedé solo, ruteando por la serpiente de ripio que surca el bosque, espectacular, en La Ruta Austral. Y recuerdo la historia de esta ruta, que hasta hace no mucho tiempo llevó el nombre del infame dictador; Augusto Pinochet... Duarte. Recalco lo de Duarte por si algún Chauvinista cree que los vascos sólo exportamos cosa buena. El infame mandó construir esta carretera para surcar un territorio totalmente virgen y colonizarlo para reforzar su posición frente a Argentina (ironias de la historia, el pueblo Argentino sufría también una dictadura militar en aquel entonces) en el litigio por los territorios Patagónicos. Y ahora, yo, la recorro.
Un mal cálculo en las provisiones dá con mis huesos en Caleta Tortel, es un desvio que en cualquier caso merece la pena. Llego mal, con una pájara de las buenas, sin dinero y sin comida. Pero, una vez más, la hospitalidad de los habitantes de estas latitudes, del jefe de bomberos de Caleta y su familia en concreto, me permite recobrar fuerzas en un pueblo construido sobre pasarelas y columnas de madera en el que, lógicamente no existen los vehículos motorizados. El universo sonoro que descubro me sorprende...
Y sigo al Norte, aguas arriba del río Baker, extasiado con los paisajes que me rodean...
... y agradeciendo los encuentros con otras ciclistas que como yo, son felices.
Pero añoro la llanura, los espacios abiertos y los horizontes infinitos,y en Coiahique, cuando intuyo que la ruta se va a humanizar, bueno más bién motorizar, decido cruzar la cordillera una vez más, hacia el Este, rumbo a Rio Mayo. El viento del oceano me empuja hacia Este susurrandome al oido promesas de lindos cielitos...

domingo, 6 de diciembre de 2009

Dejo El Chalten para cruzar una vez más hacia Chile por el cruce de frontera más intermodal que he realizado en mi vida. Después de pedalear unos cuantos kilometros llego a Laguna Desierto, testigo mudo de lo que estuvo a punto de ser un conflicto bélico entre los ejércitos Argentino y Chileno. Y digo los ejércitos, porque los pueblos no se enfrentan entre sí por una tierra que ya comparten con la naturaleza... Cruzo Laguna Desierto en una barcaza llena de ciclistas que vienen de pedalear La Carretera Austral. Yo, voy solo, hacia El Norte.
Ahora hay que portear a La Greta por un sendero, hacia el límite imaginario de los dos estados. Son largas horas de empujar por medio de un bello bosque, con la cabeza reflexionando sobre lo pequeño que es uno, y me veo como una diminuta pulguita haciéndole cosquillas a la Cordillera, recorriendo los Andes, vagando en esta inmensidad.
En Chile vuelven las pistas ciclables, pero también hay que vadear rios de gélidas aguas y turbulentas corrientes. Da un poco de miedo. O más bién la sensación de soledad y aislamiento potencian la percepción del miedo.
Cuando llego al Lago O´Higgings tengo la sorpresa agradable del día, me encuentro con Gorka y Maria, de los que venía teniendo noticias días atras. Y es que ocurre que según avanzas en tu camino, las gentes te van diciendo de otros ciclistas que recorren tu mismo camino. Es agradable volver a estar con gente. Encima de tu misma especie.
Y volemos a subir las bicis a otro barco para cruzar el inmenso Lago O´Higgings para llegar al pueblo del mismo nombre y emprender ruta por La Carretera Austral.
Este es Bizkor (así lo bauticé, en mi lengua aborigen significa "rápido"). Es un profesional de la ruta que se dedica a acompañar a los ciclistas hasta Puerto Yungai, donde hay que tomar otra barcaza (cuando de las tripas de la barcaza sale otro ciclista cambia de compañero). Cuando nos conocimos yo no lo sabía, lo de su profesión digo. Intenté convencerle de que acompañar a un ciclista no era un buen negocio y el me convenció de que eso era mucho mejor que la perra vida del pueblo, teniendo que competir por un trozo de comida, un ratito lindo con una hembra o por su sitio templadito para dormir... y no fuí capaz de contradecirle. Así que viajé dos inolvidables días con él, compartiendo la poca comida que teniamos, curandole la pata cuando se lastimó y dejandonos la piel en las rampas de la Carretera Austral.
Si Bizkor, como dice la canción: "La penas y las vaquitas se van por la misma senda, las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas".

sábado, 5 de diciembre de 2009

Los vientos laterales me sacan físicamente del cámino, pero se aprende el ritmo del viento, y 1, y 2... y 10! Y a la de diez se para uno y vuelta a empezar. Estrategia.
El sonido del viento es algo a lo que uno se acostumbra tanto que lo echa en falta cuando se ausenta... y ocurrió el milagro, se ausentó el viento y a la vuelta de la curva... ostia, El Perito Moreno, el glaciar que tantas veces había visto por la tele, otro sueño hecho realidad.

- Y usted, viajando solo... ¿no tiene miedo, no teme al peligro?
-¿El peligro? ¿Y ese quién es? - Risas-
- Miedo de qué en estas inmensidades, ¿del puma acaso? No temo al puma, temo al humano y por acá son ustedes buena gente. Más miedo me da la vida en la ciudad, el peligro de los autos y de las fieras de dos piernas que no le quieren bien a uno.
Transcripción de una de tantas conversaciones...



Y es que, el viaje por la Patagonia es un viaje social, muy social para un "gallego", aunque en Patagonia no hace falta explicar que no es lo mismo que vasco. Porque los de aquella estancia son Alberdi, los de allá son Mendieta, aquella Urdin... porque ellos y ellas también han escrito la historia de esta tierra, junto con otras gentes huidas siempre de algo; la persecución política, el hambre....
- Acá nadie es de acá, ¿comprendés? A los que eran de acá (onas y tehuelches) los matamos hace ya tiempo.

Y sigo escribiendo mi historia entre tantas, y así me encuentro con Shin, cuando creo delirar al ver una figura haciendo Tai Chi al lado de un tripode de camara en medio de la ruta, con El Cerro Torre y el Chalten de telón de fondo.
Con Shin paso unos dias pateando el Chaltén, admirando El Cerro Torre y su monumentalidad. Él me cuenta su historia; era soldado de la armada japonesa, se hartó y está dando la vuelta al mundo en bici. Su entrenamiento y disciplina le permiten hacer cosas como recorrer la Ruta 40 en su integridad en bicicleta... Mientras él cuenta la historia ha montado la tienda, se ha lavado en el río y ha puesto a hervir el agua. Y yo... fumo mientras escucho, y envio señales de humo a las estrellas.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Las infinitas rectas de la Patagonia requieren una fuerza mental. Como leí por ahí, "La Patagonia es para los que son dueños de su tiempo". Aquí, mis esquemas de espacio-tiempo no valen para nada... y es que como dijo el arriero; no hay que llegar primero, hay que saber llegar.

No sabemos (mi bicicleta Greta y servidor) ya cuantas veces hemos cruzado las fronetras ebtre los estados Chileno y Argentino, dice la Greta que las fronteras políticas nunca fueron para nosotras.
Fué en este viaje cuando comencé a desarrolar una peculiar relación con Greta. Algo que viene a ser como una suerte de diálogo interno que se proyecta en monólogos con una (en principio) máquina inanimada. Y digo en principio porque acabas sintiéndola y amándola. No sé, habrá quién diga que sufro de un transtorno bipolar leve, pero a mí... que carajo me importa!Se emociona uno por estas tierras. Por fortuna el viaje en bici es una sucesión lineal de emociones, quiero decir que la supuesta emoción del viaje no reside en ciertos puntos de interés (como dicen los de Lonely Planet "HighLights") sino que es un constante estímulo para los sentidos y el alma. Eso sí, hay veces que uno llora de tanta hermosura. Como en el amanecer de la foto, en el Parque Nacional de Las Torres del Paine.


Y así pasan los kilometros y los días, y uno, se acostumbra a estar borracho de hermosura, sumido en una realidad irreal de bonita. Pero también empieza a sentirse parte del entorno que le rodea, como si un basquito en bicicleta fuera parte de las historias de la Patagonia...
... y es que la armonía es total, el tiempo pasa despacio, y la Greta no corre más que el tiempo.

jueves, 3 de diciembre de 2009



... y ahora (unos meses después de escribir el anterior párrafo), de vuelta ya de ese viaje por el Altiplano y La Puna, retrocedo otra vez al año 2005. La emoción me embargaba cuando me sacaba esta foto en el extremo más austral del continente, el principio o fin de un viaje. Mi cabeza empieza a funcionar recreando los viajes exploratorios de Charles Darwin por acá. Y es que en Patagonia hay historia, e historias muchas...

La soledad empieza a ser la compañera de viaje por éstas inmensidades de hermosura, y la emoción es el denomiandor común de mi estado anímico...La naturaleza se muestra con una cercanía que jamas había experimentado. El castor vive por aquí.

Sobrecoge pensar en la vida de las gentes que habitaron y habitan un entorno tan hostil.

Parece que existe una curiosa relación entre hostilidad y hermosura en el medio natural, el viento en contra moldea el único árbol camino de Porvenir, el mismo viento que convierte mi pedalear en un titánico esfuerzo. Con los elementos no se lucha, se vive...... y mientras voy entendiendo esto, dejo La Tierra Del Fuego para seguir hacia el Norte por el continente, haciendo mi hogar donde tengo oportunidad.

Mientras, los guanacos siguen con lo suyo, se asustan un poco nomás, con ese basco que recorre en bicicleta...

sábado, 28 de febrero de 2009

RECUERDOS DE UN VIAJE

No se si tiene mucho sentido publicar las impresiones de un viaje realizado cuatro años atrás, pero creo que fué un viaje que me cambió la vida y que dejo una honda huella en mi manera de ser y de pensar. Y ahora, que estoy ocioso en un día de estos que el cuerpo manda parar, es la mente la que vuela y recuerda aquellas emociones que provocó un largo periplo en bicicleta por uno de los paisajes más anelados en mi vida. Realmente no creo que nadie pierda su tiempo leyendo esto pero yo necesito escribirlo, aunque ya veremos cuando lo acabo...
Es en estos días, en los que después de cuatro años vuelvo a sentir las mismas dudas, los mismos nervios y la misma necesidad de autoafirmación y de autoconfianza ante un nuevo reto. Sí, vuelvo, con la frente un poco más marchita y sin nieves del tiempo que plateen mi sien, al Buenos Aires que rido, la ciudad que me sirvió en aquella ocasión de puente a tierras más lejanas e inhospitas. Vuelvo a la Argentina, esta vez al Norte, para de allí adentrarme en el altiplano Boliviano y en el desierto de Atacama, pero esa será otra historia, aunque mi alma ya está en la puna, borracha por la altitud y sedienta de libertad.